Belgrano 1527

Sacamos algunas plantas, luego se fue la mesa y las sillas, devolví la heladera, la garrafa y el anafe, saludé a las viejas parras y cerré la puerta de metal que daba al fondo, fui hacia la cocina mirando al cielo entre las chapas del techo corredizo. Un foco de bajo consumo iluminaba uniformemente los azulejos amarillos, lo apagué.

Pasé rápidamente por donde estaba el piano, llegué al living y pateé sin querer uno de los parquets del piso, uno de esos que siempre se salen de lugar. Llegué a la puerta que daba a la calle y cuando la abrí, entró el sol por un momento, fue sólo por un instante, puesto que estaba yéndome, entonces di las gracias y cerré con llave.

En el jardín del frente estaba la magnolia, la verjita de piedra y un cartel de lona que tapaba la mitad de la fachada, allí estaban los planos y su sentencia.

Ésta es la historia del fin y del principio, es la historia de mis abuelos, mi madre y mis tías, es historia personal e historia colectiva, ésta es la historia que acomoda los ladrillos.

Belgrano 1527 no fue sólo un proyecto de arte, fue también un lugar, allí trabajamos en conjunto artistas y humedad, prestándonos el rojo y acercándonos la escalera, creando imágenes y sonidos con la calma que antecede al pozo.

                                                                                Fernando Qüerio